Vida, persecución y muerte de un próximo beato guatemalteco
Fray Augusto Rafael Ramírez Monasterio siguió los pasos de San Pedro de Betancourt más allá de la murte: hasta la santidad. Y es que el papa León XIV firmó recientemente el decreto para su beatificación, que es cuando la Iglesia católica reconoce las virtudes cristianas y heroicas de una persona hasta el martirio, y constituye un paso previo a la canonización (santo).
Vida
Nació en la capital el 5 de noviembre de 1937. Fue el menor de nueve hermanos y, desde niño, entre juegos y rezos, soñaba con ser sacerdote; sin embargo, fue el 23 de diciembre de 1958 cuando ingresó al seminario y ocho años después se ordenó. Desde un inicio destacó como académico y formador de jóvenes, pero trabajó aún más en favor de los pobres, a tal punto de ser reconocido como “Mártir de la Caridad”. Fue fiel devoto de San Pedro de Betancourt, pero, sobre todo, de la causa de Cristo y de vivir en amor.
Persecución
En 1983, cuando el conflicto armado tenía de rodillas al país, fray Augusto arriesgó su vida para salvar a campesinos que buscaban adherirse al programa de amnistía ofrecido por el presidente de ese entonces, Efraín Ríos Montt; sin embargo, en junio de ese año fue retenido ilegalmente, torturado y finalmente liberado, aunque sin haber revelado información.

Fray Augusto Ramírez Monasterio será beatificado, luego de que el papa León XIV firmara el decreto.
Muerte
Las amenazas continuaron día y noche, hasta que el 7 de noviembre desapareció sin razón aparente. Un día después, su cadáver apareció en la morgue y estuvo a punto de ser enterrado como XX, hasta que un sobrino lo reconoció gracias a una corona de oro en su dentadura, ya que los golpes habían desfigurado su rostro. Fue hallado en el Anillo Periférico, atado de manos y descalzo, con ocho heridas de bala en el cuerpo y una más en la sien. Testigos indican que una patrulla policial lo soltó y luego lo persiguió hasta asesinarlo por la espalda, mientras corría confundido. Dos días antes, amigos y familiares le habían celebrado su cumpleaños número 46. Durante la misa de cuerpo presente se leyó el mismo evangelio que él proclamó cuando ofició su primera misa.
“No temáis a los que matan el cuerpo y después no tienen más que hacer…”
(Evangelio de San Lucas, capítulo 12, versículos del 1 al 8).