Magie de Cano

Solo Dios puede hacer esto

Ustedes quédense quietos, que el Señor presentará batalla por ustedes. Éxodo 14:14

Esta palabra de Jessica Jecker complementa la que envío el Profeta Nate Johnston y que compartí ayer. «Los días de Egipto están llegando a su fin». El escribió: Esta es una temporada de cierre para Egipto. Dios está liquidando tus cuentas. Él está finalizando las asignaciones que han estado en tu contra. Es una temporada de Tetelestai. Consumado es. Dios está trayendo una culminación a esos años. Será algo muy extraño para ti en los días venideros mientras Dios te guía a salir, porque todo lo que has conocido es la calumnia y la traición. Oro porque en medio de lo que estés viviendo sigas dando pasos de fe hacia la tierra que fluye leche y miel

NO ES TIEMPO DE TEMER, ES TIEMPO DE CONFIAR

En ese día el Señor salvó a Israel del poder de Egipto. Los israelitas vieron los cadáveres de los egipcios tendidos a la orilla del mar. 31 Y al ver los israelitas el gran poder que el Señor había desplegado en contra de los egipcios, temieron al Señor y creyeron en él y en su siervo Moisés. Éxodo 14:30-31

Hay momentos en el destino en los que parece que la esclavitud persigue la promesa. Los hijos de Israel acababan de salir de Egipto, pero Egipto aún no los había soltado. Faraón vino con carros. Vino con caballos. Vino con todo lo que le quedaba. Era un ataque final.

El enemigo siempre intentará un último embate antes de perder su dominio. El pueblo hebreo estaba al borde del Mar Rojo con un ejército detrás de ellos. El polvo llenaba el aire. El miedo llenaba sus corazones. Parecía que la libertad estaba a punto de ser tragada por cadenas familiares. Pero entonces Moisés se levantó y declaró una palabra que partió la historia en dos: “Los egipcios que hoy ven, jamás los volverán a ver.” (Éxodo 14:13, NVI) No dijo que tal vez desaparecerían. No dijo que se debilitarían. No dijo que retrocederían por una temporada. Dijo que nunca más los volverían a ver.

El Señor dice: «Hay enemigos que estás mirando ahora mismo… ciclos, ataques, acusaciones, oposición… y el enemigo ha venido con una intimidación final. Se siente intenso porque es la última resistencia. El infierno está gastando todo lo que tiene porque sabe que está a punto de perder. Lo que estás enfrentando no es señal de derrota. Es el anuncio de tu liberación».

Así como las aguas se abrieron delante de Israel, así el Señor está abriendo camino donde no lo había. Y cuando el enemigo persiga por el mismo sendero que Dios abrió para ti, el Señor mismo peleará. Él no solo está removiendo a tus enemigos, está destruyendo su capacidad de volver a perseguirte.

Cuando las aguas se cerraron sobre los egipcios, fue rápido. Fue decisivo. Fue final. Y el Señor dice que Él está resolviendo rápidamente a los enemigos en tu vida. Lo que te ha perseguido se ahogará. Lo que se ha burlado de ti será silenciado. Lo que te ha acosado quedará sepultado bajo las aguas de Su liberación. Esto no se trata solo de tu libertad. Dios está edificando Su reputación a través de la derrota de tus enemigos.

Cuando Israel se paró al otro lado y vio a los egipcios arrastrados a la orilla, la Escritura dice que el pueblo temió al Señor y creyó. La victoria fue un testimonio. La derrota del enemigo reveló la grandeza de su Dios. Todos los que vean lo que el Señor hace por ti sabrán que Él es el Señor. Sabrán que no fue tu fuerza. Sabrán que no fue tu estrategia. Sabrán que no fue coincidencia. Dirán: “Solo Dios pudo haber hecho esto.”

Así que permanece firme. No regreses a Egipto en tu mente. No negocies con lo que Dios está a punto de ahogar. No temas la nube de polvo detrás de ti. Los egipcios que hoy ves, jamás los volverás a ver. El Señor peleará por ti. Y cuando las aguas se aquieten, estarás al otro lado cantando un cántico nuevo, no acerca de la batalla, sino acerca de la victoria. (Una palabra de Jessica Jecker)

Éxodo 15:2-6 NVI El Señor es mi fuerza y mi canción; ¡él es mi salvación! Él es mi Dios y lo alabaré; es el Dios de mi padre y lo enalteceré. El Señor es un guerrero; su nombre es el Señor. Él arrojó al mar los carros y el ejército del faraón. Los mejores oficiales egipcios se ahogaron en el mar Rojo. Las aguas profundas se los tragaron; como piedras se hundieron en los abismos. Tu diestra, Señor, reveló su gran poder; tu diestra, Señor, despedazó al enemigo.

Con amor y oraciones,

Magie de Cano